Estuvimos en el Festival Música de la Tierra

Actualizado: hace 2 días

Junto a nuestros socios, estuvimos en el Festival Música de la Tierra que celebró sus 12 años en la Fundación y Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) en Manantiales (Maldonado).

Los días 12 y 13 de noviembre en un espacio que conjuga arte, naturaleza y creatividad, se llevó adelante el Festival Música de la Tierra en su 12a edición.


Nuestro Bureau en conjunto con la Liga de Turismo de Punta del Este y la asociación Destino Punta del Este, compartieron un stand donde mostraban videos de los operadores turísticos del destino a quienes los visitaban.


Se generó un juego desarrollado por la empresa Press Start Evolution que permitía a los visitantes ganar una estadía, desayunos, tragos, alquiler de auto y hasta accesos a la sala VIP del Aeropuerto de Punta del Este. Sin lugar a dudas quienes estuvieron por allí disfrutaron mucho además de conocer un poco más sobre #ellugarqueelegimos


El festival, cuyo lema es “la cultura nos une” invitó a encontrarse con la cultura en dos jornadas espectaculares.

Martín Laventure, Director de Turismo de la Intendencia de Maldonado visitó el stand de Bureau. También estuvieron presentes con un stand nuestro socio Sanatorio Mautone y Mare una empresa que lleva en su adn el cuidado del medioambiente y la sostenibilidad.


Entrevista de Correo de Punta del Este a Diego Barnabé, gestor cultural, periodista y codirector junto a Moriana Peyrou del festival.

“Este festival busca celebrar el vínculo con la tierra y la cultura de nuestra región”, dice Diego Barnabé, al intentar sintetizar la misión de “Música en la Tierra”, una propuesta que más que un festival, representa una invitación a repensar el modo de vincularse con la naturaleza y la cultura de nuestra región.

Dos días llenos de actividades imperdibles: conciertos de altísimo nivel, espectáculos para niños, y talleres de arte, fungizaje y sustentabilidad para toda la familia. “Música de la Tierra” funciona como una red de emprendedores, productores, investigadores, empresas, organizaciones y artistas que trabajan —como dice el sitio web de festival— “para hacer de nuestras vidas sitios más amables, más bellos, más sostenibles y más empáticos”.

Una de las novedades de este año es el cambio de locación del festival, que desembarca por primera vez en Maldonado, en la Fundación y Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry. “Soltar ciertas certezas y tomar ciertos riesgos”, fue la premisa que inspiró el armado de esta doceava edición. “Soltamos la idea de que el proyecto se quedara solo en Montevideo y Canelones, y nos animamos a movernos en el territorio para ir al encuentro de otros públicos, de nuevas audiencias”, cuenta Barnabé y agrega: “el objetivo de este año es invitar a reflexionar no solo si uno se contacta o no con la naturaleza, sino cómo, de qué manera”.


Acá les compartimos un fragmento de la charla interesantísima con Diego Barnabé acerca de los orígenes del festival, la propuesta musical y de talleres, la comunidad de “Música en la Tierra” y los proyectos a futuro.


-¿Por qué vale la pena ir a “Música de la Tierra”? ¿Qué le dirías a alguien que nunca fue a este festival?

-Porque es un encuentro que busca celebrar nuestro vínculo con la tierra, un vínculo amoroso y en armonía, un vínculo del cuál tenemos mucho para aprender. También es una gran celebración de la cultura, de la suerte que tenemos en nuestra región de vivir rodeados de grandes artistas y creadores que nos hacen conectar con nuestras emociones, nos regalan alegrías, nos inspiran y nos dejan pensando. Yo creo que vale la pena venir al festival porque de alguna manera logra que todos nos sintamos parte de una cultura que —a pesar de tener muchos matices y ser diversa—, nos une a todos en esta región. Seguramente quienes se acerquen van a descubrir algo que les va a interesar y/o algo que los va a movilizar.


Nuestro socio Sanatorio Mautone en el Festival Música de la Tierra

-¿Cómo nació la idea del festival?

-La historia se remonta a los años 2009, 2010. Moriana Peyrou —periodista, y gestora cultural— y yo habíamos armado una pequeña empresa especializada en gestión cultural y comunicación llamada “Duo Ideas Culturales”. Yo dirigía la temporada cultural de la Universidad Católica, hacía ciclos de conciertos y cosas por el estilo. Allí, creamos un ciclo llamado “Música de la región”, esa podría ser la semilla. Sentíamos la necesidad de mostrar el universo creativo y la obra de artista que rescataban el patrimonio sonoro, identitario común entre los países de la región —Uruguay, Argentina y el sur de Brasil—, un patrimonio riquísimo, que percibíamos un poco olvidado o con poca visibilidad a través de conciertos, festivales, etc. Luego, nos pusimos en contacto con los responsables del Parque de Jacksonville para poder montar un festival. Así nuestro sueño de vincular las músicas y los patrimonios musicales de raíz folclórica de la región a través de un festival, fue tomando forma hasta lo que es hoy.


-Tanto Moriana como vos traían un interés y un amor muy especial por la música…

-En el caso de Moriana Peyrou, lo trae en la sangre. Su padre que formó un dúo de folcloristas muy popular en Uruguay, en la década de los 70, Los Peyrou. Y en mi caso, siempre he sido un gran fanático y buscador de músicas de todo tipo, y en particular de las músicas de nuestra región. Esto hizo que los dos quisiéramos de alguna manera retomar parte de legado que recibimos. Esa vivencia de las guitarrearas, de las reuniones familiares entornos un asado o a el fuego para cantar, para pasarse la guitarra de mano en mano, para contar historias, para recitar poemas. Todo eso estuvo un poco en el germen de “Música de la Tierra”: llevar esas ruedas familiares, esas guitarrearas tan típicas uruguayas a un contexto más grande y ambicioso, como lo es un festival.


-¿Pero “Música en la Tierra” es solo un festival?

-No, desde el comienzo pensamos “Música en la Tierra” como un proyecto cultural más amplio, que tiene en el festival como su expresión más visible y colorida. Pero en realidad es un proyecto —como un universo que engloba varios proyectos— que busca ser compartido, llegar al público a través de diferentes formatos, espacios, productos y propuestas. En estos 12 años, hemos lanzado 3 discos y libros con una editorial que se llama “La Canoa”, para darte ejemplos. También tenemos un programa de radio, “La Canoa”, desde el 2018 e hicimos ciclos de conciertos en teatros de Montevideo. Con mucha alegría llevamos el festival dos veces a Buenos Aires y estamos pensando a hacerlo en Brasil. Y el proyecto más reciente es una plataforma, que fue desarrollada en pandemia y acabamos de lanzar, que se llama “Creatierra”, y que pretende justamente ser un espacio de comunicación y de interacción permanente con nuestra comunidad.


-Hablando de la pandemia, ¿cómo vuelven después de estos dos años?

-Volvemos cambiados. Antes, en la primera etapa de “Música de la Tierra”, nosotros invitábamos a vincularnos con la tierra, a recuperar nuestro vínculo con la naturaleza, a recordar sus enseñanzas. Hoy después de estos dos años de pandemia, en los que muchos fuimos al encuentro de la naturaleza, creemos que es importante preguntarnos y reflexionar de qué manera fuimos al encuentro de la tierra, es decir cómo nos vinculamos con el planeta… ¿es con respeto, con sensibilidad, buscando información? O vamos a ella como habitantes de la ciudad, a atropellarla e imponerle nuestras reglas.


-¿Por qué la música juega un papel fundamental en el festival?

-En pocas palabras por que la música habla de nosotros. De nuestra región, de sus habitantes, remite a una identidad, a una historia en común. Por supuesto que lo hace con matices, por ejemplo, el chamamé no es lo mismo que la milonga, y la chamarrita no cuenta lo mismo que la chacarera. Cada región dentro de todo este territorio tiene su impronta y una personalidad propia, pero sí de alguna manera todas estas músicas dialogan, se encuentran y se han encontrado históricamente para contarnos, para representarnos. Y pasa algo curioso, hay artistas como es el caso de Aníbal Sampayo, que nació acá, en Paysandú, y que estuvo quizás mucho más en contacto con el litoral argentino que con Montevideo, y en su obra se ve ese desdibujamiento de fronteras. O el caso de los acordeonistas y músicos de la provincia argentina de Corrientes fusionados con parte de Brasil, Paraguay, donde hay zonas culturales que no respetan demasiado las fronteras políticas. Quizás por eso la música es una pieza clave en este proyecto, porque nos habla del hombre en vínculo con la naturaleza y el paisaje, más allá de cualquier límite físico-político.

La música une y también nos enseña nuestras diferencias…

Los artistas tienen una forma poética de contemplar, interpretar y transmitir el paisaje, que a veces nos ayuda a aprender del territorio, su flora y su fauna mucho más que mirando un mapa o leyendo un libro de historia o geografía. La música es un vehículo que transmite identidad y conocimiento, que nos une y nos identifica, y nos permite empatizar con las diferencias. Y por último, la música va en contra de la máquina arrasadora de la globalización, que a veces nos impone imágenes, sonidos que a menudo pasan por arriba a las identidades locales, regionales.


-¿Cómo es el armado de la grilla de artistas?

-La curaduría musical la hacemos desde el origen Moriana Peyrou y yo, con colaboración de otras personas amigas del proyecto, entre ellos hay varios músicos, que son colaboradores casi permanentes y que nos hacen descubrir a nuevos artistas más recientes, más jóvenes. Con respecto al enfoque, no queremos tener una mirada de museo, ni nostálgica de la música folklórica, sino justamente mostrar la enorme vigencia y la enorme belleza de esta música a partir de la recreación, de la forma en que los cantores y los músicos de hoy en día reinterpretan ese pasado.


-Tienen una variedad de talleres y experiencias interesantísimas, ¿alguna recomendación?

-La curaduría de los talleres es un gran trabajo, llevado adelante por Rosina Piriz y Moriana Peyrou. Me es difícil recomendar un taller porque todos están hechos con mucha búsqueda, investigación y cariño. Pero si tuviera que sugerir cuáles no perderse, serían los que giran en torno al universo de los hongos, ya que muchos de ellos serán dirigidos por expertos de otros países, que quizás no tenemos tan cerca en la diaria.


-Hay muchas actividades sobre el universo de los hongos…

-La incorporación del universo fungi a los talleres y experiencias tiene que ver con todo los que hemos aprendido a lo largo de los años gracias a nuestro experto amigo de la casa, Alejando Sequeira. Alejandro es un especialista, un gran divulgador en los últimos años en la temática de los hongos en Uruguay, a través de libros, charlas, paseos, etc. Además, será el líder del “Fungisaje”, un encuentro internacional de especialistas en la temática de los hongos en toda la región. Él estuvo desde el principio y siempre muy cerca del festival, es colaborador permanente del programa de radio “La Canoa” y lo será de nuestra plataforma futura “Creatierra”. El universo de los hongos es una clave que nos da mucha información a la hora de descodificar lo que sucede en la naturaleza y de la biodiversidad. Por eso está muy alineado con lo que hoy nos interesa transmitir desde música de la tierra, con lo que nos interesa que la gente experimente, descubra y se pregunte.


-¿Por qué Maldonado?

-Elegimos Maldonado y la Fundación Pablo Atchugarry por dos motivos. Por un lado, el interés de Pablo Atchugarry, que fue otro de los que se acercó a nuestro proyecto hace tiempo, y con él habíamos empezado a tener conversaciones para llevar el festival o algunas de las propuestas de “Música de la Tierra” a la fundación. Y la otra razón es que en estos últimos años empezamos a detectar que en el departamento de Maldonado hay muchos proyectos muy interesantes y alineados con nuestra mirada. Emprendedores que trabajan en la promoción de un turismo ambiental, en el cuidado de la naturaleza, proyectos que tienen que ver con el reciclaje de residuos que le dan nueva vida a productos que luego se pueden incorporar a nuestra vida cotidiana, etc. Todo eso motivó a que veamos en Maldonado un contexto muy favorable y sensible para recibir a “Música en la Tierra”.


-¿Cómo es la comunidad que sigue este festival a través de los años? Y, ¿a qué otro público les gustaría llegar?

-Hay algo que tienen en común todas las personas que pasaron a lo largo de los años por nuestro festival: la buena energía, la buena disposición, la alegría, las sonrisas. También es un público muy familiar, se ven niños con sus padres, sus abuelos y sus tíos. Hay propuestas para todos y también para que hagan en conjunto. La sensibilidad y la curiosidad es otra característica que comparte nuestra comunidad. Sabemos de gente que luego de hacer un taller en el festival, decidió formarse más profundamente en ciertas temáticas. En cuanto a qué público que queremos llegar, quizás a nuevas personas con estos mismos intereses, a ciertas comunidades que no suelen tener tan a mano a especialistas en temáticas de la tierra, es decir, alguien que te estimule a saber más sobre algo.




Fuente: Diario Correo de Punta del Este






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